Mientras el eco mediático se desvanece tras el inicio de la tregua, la Franja de Gaza permanece sumida en una crisis humanitaria y sanitaria sin precedentes. El párroco católico de la región, el padre Gabriel Romanelli, describió a la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) una situación “gravísima”, marcada por el sufrimiento diario de la población.
El padre Romanelli hace un triple llamamiento: “Seguir rezando, promover la paz y la justicia, y apoyar materialmente a las poblaciones afectadas”.
La violencia persiste tras la tregua
Aunque los bombardeos a gran escala han cesado, la violencia no ha desaparecido. Según el sacerdote, las agresiones continúan, especialmente detrás de la denominada “Línea Amarilla” —la frontera militar que separa las zonas controladas por Israel de las controladas por Hamás—, provocando destrucción de hogares, heridos y muertes.
“La guerra no ha terminado, aunque los medios de comunicación den a entender lo contrario. Es absolutamente necesario que cese la guerra. Sin embargo, parece que nadie en el mundo está luchando realmente de manera eficaz por ello”.
Una crisis sanitaria y humanitaria alarmante
Los 2.3 millones de habitantes de Gaza carecen de las condiciones humanas mínimas para reconstruir sus vidas. Las fronteras cerradas y la destrucción de infraestructuras básicas han dejado a la población sin acceso a electricidad ni agua potable segura, lo que favorece la propagación de enfermedades.
La situación de los niños es especialmente crítica:
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Mortalidad infantil: Según Unicef, unos 100 niños han muerto desde el inicio del alto el fuego, casi uno por día.
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Causas de muerte: Además de los ataques, el frío extremo y las condiciones insalubres son factores determinantes.
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Vivienda precaria: La mayoría de la población vive en tiendas de campaña expuesta a un invierno duro y lluvioso.
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Epidemias: La falta de calefacción y refugios dignos agrava las enfermedades respiratorias y digestivas.
El impacto en la educación y la ayuda vital
La educación ha sido otra gran perjudicada por el conflicto. De los 2,250 alumnos que asistían a centros católicos antes de la guerra, solo 162 han podido retomar sus estudios. El principal obstáculo es la falta de espacio, ya que los edificios escolares sirven como refugio para los desplazados. En el complejo parroquial, aún permanecen refugiadas unas 450 personas.
En este contexto, la ayuda humanitaria es indispensable, pues la mayoría de los habitantes han perdido sus empleos, hogares y recursos.
“Desde la tregua llegan mercancías, pero estas son inaccesibles para una población sin recursos económicos. Por lo tanto, la ayuda es indispensable y debe intensificarse. El patriarcado sigue haciendo un gran bien a miles de familias en Gaza”.
A pesar de las inmensas dificultades, la vida espiritual se mantiene como el pilar fundamental de la comunidad. “El centro de nuestra vida sigue siendo nuestro Señor en la Eucaristía”, concluye el padre Gabriel.